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viernes, 23 de septiembre de 2011

Chat Noir

María decidió convertirse en gato negro. Fue una decisión impulsiva, hay que reconocerlo, pero sin posibilidad de marcha atrás así que no le quedó otra que acostumbrarse a su nueva naturaleza. 
Tenía sus ventajas y sus desventajas como que todos se fijaban en ella y algunos la rehuían -todavía no había decidido si lo uno era una ventaja y lo otro una desventaja o viceversa-, como que podía caminar a diferentes alturas y ver las cosas desde los tejados, como que podía acariciar piernas sin avergonzarse, como que tenía siete vidas, como que podía caerse una y otra vez sin hacerse demasiado daño, o que podía subir a los árboles con una velocidad asombrosa. Pero odiaba comer ratones y que le llamaran con ese sonido sordo, como un siseo de serpiente, tan denigrante, o con aquellos absurdos nombres -Mishu, Minino, Miau- que la sacaban de quicio. Tampoco entendía aquella animaversión que le tenían los perros, ni cómo era posible que el olor de las sardinas asadas, la volviera loca, cuando antes las odiaba. 
Os preguntaréis por qué María quería ser gato negro. Perdió el corazón en una apuesta. Perdió la humanidad en un desquite. Perdió la esperanza en un silencio. Y así, sin corazón, ni humanidad, ni esperanza, sólo podía ser gato o cucaracha. Eligió lo mejor que pudo.

9 comentarios:

monica dijo...

Qué historia tan angustiosa! Comer ratones.
Espero que vuelva a la humanidad y coma perdices por ejemplo, y pueda escuhcar a los niños del coro de Snt Marc con una canción bonita (como yo escucho ahora en la tele)

Ada dijo...

Monica, no lo veas tan negativo. Lo de los ratones es un pequeño inconveniente :) pero los gatos son libres y autosuficientes, hacen lo que quieren, no les preocupa ni el cariño ni la aprobación de la gente y, sobre todo, pueden ver las cosas desde los tejados! :) Pobre Maria, ¿no? pero la alternativa era ser cucaracha.

rombo dijo...

Pues yo no lo veo mala opción lo de ser gato negro...


(genial texto)

Ada dijo...

Tú, Rombo, has visto el lado bueno. Miauuuuuuuuu

monica dijo...

Si, es verdad verán cosas bonitas desde los tejados...
Nunca he estado yo sobre los tejados. Bueno en la torre Eiffel por encima pero no cerca de ellos.

Globos.blog dijo...

¡Ay, Ada! Sin corazón y sin humanidad hay cantidad de gente en el mundo y parecen seres humanos...
Lo que no se es si ellos conservan la esperanza...aunque sola sea la de fastidiar al prójimo.

Carme dijo...

Potser tinguis raó, Ada! Millor ser gat que persona sense humanitat... potser no s'ho passarà tant malament. :)

el paseante dijo...

Me ha gustado mucho el texto, pero la foto es una pasada.

Sara O. Durán dijo...

Eligio la mejor opción, estupendo tu relato. Sipi, me gustó mucho.
Besos de estrellitas de anís color café.