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sábado, 17 de diciembre de 2011

La canción del emigrante



Ayad es casi dos veces más grande que yo. En cuerpo, en edad y en corazón. Sin embargo me trata como si la grande fuera yo, como si el saber las letras fuera más importante que ser capaz de emigrar a un país extranjero y luchar todos los días por vencer diferencias e indiferencias. Adoro su sonrisa amplia, incluso adoro su manera de mirarme el culo cuando escribo en la pizarra, adoro verle como un niño grande ganando una carrera cuando, por primera vez, es capaz de leer una palabra.
Nada tiene dos años. Viene de la mano de su mamá Fátima y lo revoluciona todo. Tiene tendencia a pintar las paredes, pero ya ha aprendido a mirarme antes y a dejar de hacerlo después. Repite algunas de mis palabras como un lorito. Adoro su forma de sorprenderse cuando descubre mis pendientes. Ya es nuestro ritual: yo le dejo ver mis pendientes y ella se porta mejor.
Amina apenas aprende nada. Lleva tres meses estancada en las vocales. Si sienta derrotada en la clase y copia perfectamente lo que no se atreve a aprender. También repite alguna de mis palabras como un lorito, pero con ella no puedo establecer ningún ritual todavía. Me mira de reojo y copia, me mira de reojo y copia. Alguna vez ha sonreído, pero pocas.
Miloud nunca ha dejado de venir a clase. Ni un sólo día. Hablaba en infinitivo cuando llegó y ahora conjuga perfectamente y después ríe a carcajadas contagiosas que huelen a tabaco, para celebrar su éxito. Sin embargo, su trabajo sigue estando en la sombra del pino de la estación de tren. 
Zineb hace tatuajes de henna. Se maquilla como si se tatuara, se coloca la chilaba amarilla y rosa, las lentillas verdes y los zapatos de tacón y llega como un vendaval, como un disfraz entre reina mora y drac queen. 
Podría continuar retratando. Son más de 100. Pero todos tienen algo en común: esa lucha constante por trascender tópicos y prejuicios, esa capacidad infinita por encajar juicios e injurias, esa gratitud inmensa cuando se les trata con respeto.
Por ellos, estamos luchando estos días.

10 comentarios:

Miguel Bueno dijo...

Ánimo, la lucha es dura, pero la batalla es nuestra y el orgullo de enseñar no tiene precio.
Abrazos
Piedra

el paseante dijo...

Podrías realizar 7.000 millones de retratos así (el número de habitantes del planeta) pero te quedaría un post un pelín largo :-) Me han hecho sonreír tus pinzeladas precisas y cortas.

Sara O. Durán dijo...

Atención personalizada, con respeto y la gratitud inmensa en respuesta.
Abrazos.

Ada dijo...

Miguel, así es. No puedo concebir un trabajo que satisfaga más.

Paseante, tu comentario es muy lúcido: efectivamente, todos somos emigrantes. ¿Cuántos continuamos viviendo en el pueblo o ciudad dónde nacimos? Todos nos buscamos la vida. Todos somos diferentes a alguien.

Sara, eso hago. Siempre. Besos.

rombo dijo...

Precioso homenaje !!

Princesa Ono dijo...

Cuando oigo que ha llegado una patera a ESpaña, lo primero que pienso es "qué mal tienen que estar en su país para pagar un pastón y adentrarse en el mar en un patera jugándose la vida". Y lo segundo que pienso es "qué valientes tienen que ser".
Admiro a la gente que emigra para ganarse la vida, la que busca trabajo, la que se hace un hueco en la sociedad sin imponerse. No tanto a los otros...

Fátima Rodríguez dijo...

Mis padres eran emigrantes: mi madre de cádiz y mi padre de salamanca. Y se juntaron en Madrid, y ahí nací yo...y era un poco de todos sitios. En madrid, era la hija de anadaluces...En andalucia, fuí la madrileña, la señorita "que habla fino", en salamanca fui la andaluza...y con tantas etiquetas y tópicos, me dije ¿de donde soy? no me gusta madrid, no me identifico con andalucia y menos con castilla la vieja...soc catalana. Una barretja.

A mí me sigue sorprendiendo la actitud y comentarios de algunas personas. Estoy haciendo una recerca intensiva de feina en el soc, un aula activa, y escucho comentarios como "primero los de aquí", "ya se están pasando con tanta multiculturalidad..", y algunos otros, más viscerales y ordinarios.

La viña de la envidia...

Saludos

Mi segundo nombre, es ada (elegido por mí) y la primera vez que mis ojos eyacularon (sintieron esa fuerza de belleza), fue con Boticceli, y su venus.

Te leo.

volboretinha dijo...

Me ha encantadooo!! Que gratificante es trabajar con personas sobre todo en el ámbito de la educación!! Se aprende tanto!! Se nota que disfrutas con tu trabajo, y eso está genial!! Disfrútalo!! Biquiñossss

Sergio dijo...

Adorables, muy bonito.

p.d. yo también miraba el culo de alguna que lo merecía. A determinada edad algunas imágenes jamás se olvidan.
:)

Ada dijo...

Rombo, es lo menos que se puede hacer.

Princesa, son valores a admirar, desde luego.

Fatima, bienvenida! Pues mira, con lo que nos cuentas, sabes bien de qué hablo aunque seguro que el rechazo o el juicio nunca llegará a ser tan grande como el que tienen que padecer ellos. Hay gente tan intolerante por el mundo. A mi me matan estos que después de soltar auténticas barbaridades acaban con la frasecita "pero yo no soy racista"
Vaya, qué curioso con lo de Ada y la Venus. Gracias por pasarte por aquí.

Volboretinha, sí que disfruto y a veces también sufro mucho, pero el balance es positivo.

Sergio :) yo no sé si me lo merezco, pero me lo mira, me lo mira :)