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martes, 13 de diciembre de 2011

Hacia la torre

Subía y bajaba su escalera de caracol varias veces al año. No por voluntad propia -la agotaba y la ponía al límite-, sino obligada por su ímpetu. El de él, quería decir. Porque resultaba que su vida no sólo tenía de extraño vivir en un apartamentito con escalera de caracol, sino que además lo compartía con un mago de circo algo caduco. Cuando al mago le daba por renovar sus trucos y ensayar usándola de cobaya en el lanzamiento de cuchillos, el triple corte con la guillotina mágica, la desaparición espectacular a cambio del tigre de bengala o el estiramiento de cuello y extremidades, no le quedaba más remedio que huir escaleras de caracol arriba y refugiarse en su torre de marfil, minúscula pero habitable. 
El mago casi nunca la seguía. "Te espero aquí abajo" -le gritaba burlón, seguro de que ella acabaría volviendo cuando tuviera más hambre o frío de lo soportable, cuando las ansias por hablarle la convirtiera, de nuevo, en conejo que guardar en su chistera. 
Sin embargo esa última escapada había sido diferente. Durante meses, sin que el mago lo supiera, se había aprovisionado de comestibles y agua, mantas, perfumes, libros y cuadernos, un teléfono y un ordenador, había practicado tanto zen como para sobrevivir comiendo un dátil diario y un dedito de agua, había avisado a amigos y enemigos de que iba a hacer un largo viaje y se había encerrado allí, en su torre, dispuesta a aguantar estoicamente un tiempo, el suficiente para que el mago de circo dejara sus trucos baratos y consiguiera hacer magia con el corazón, como la que hacen algunos niños y algunos ángeles. 

8 comentarios:

Mónica dijo...

una escalera de caracol en paredes antiguas y suelo de mármol?

Sara O. Durán dijo...

Muy bueno, me encantó el cierre que le diste.
Besos

rombo dijo...

Cuando veo una escalera así, SIEMPRE necesito llegar hasta arriba... Y a medida que voy llegando experimento una bonita sensación.

Daltvila dijo...

¡Qué hermoso cuento!

Puede que él, al sentirla lejos, desarrollara su capacidad de amarla a través de sus trucos.
Si no fuese así, yo lo mandaría a la torre con los dátiles para que meditara largo y tendido y, mientras tanto, me tumbaría en el sofá con una manta a ver películas de amor.

volboretinha dijo...

Odio las escaleras de caracol...muy bonitas si, pero les tengo pánico, una vez me caí en una y por poco no lo cuento!!
El texto como siempre estupendo, se pueden sacar tantas cosas...Me cuesta aceptar que en ocasiones sólo nos quede la opción de huir y ocultarnos, y que no seamos capaces de solucionar los problemas de frente. También es verdad que a veces tenemos que alejarnos ligeramente de las personas que queremos para que puedan encontrarse a si mismas y volar solas, pero es duro!! Besicos

Ada dijo...

Monica, no sé si el material importa en este caso. Creo que es más importante, la forma.

Sara, los cierres a veces son lo más complicado.

Rombo, la sensación de haber conseguido algo difícil. Bajarla da otra sensación, ¿verdad que sí?

Daltvila, sí, mejor al revés, ¿no?

Volboretinha, exactamente esto que has entendido es lo que pretendía comunicar. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Un beso.

Mónica dijo...

Inmateriel?

el paseante dijo...

Si te leyera Tim Burton te compraría el argumento para una de sus películas góticas. Me ha gustado mucho este cuento.