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martes, 9 de agosto de 2011

El techo

Volando volando, ingrávida, como quien no quiere la cosa, flotando, despacio, en silencio, llegó hasta el techo. Un magnífico techo cubierto de artesonado geométrico, que atrapaba la escasa luz de la habitación. No sabía cómo había ocurrido. Estaba sentada en un banco duro, pensando con los ojos cerrados y al abrirlos se encontró el techo a menos de un palmo de su nariz. Podía oler la madera e incluso apreciar la fina tela de araña que enlazaba la estrella de ocho puntas con la lámpara de hierro forjado. 
Era extraño, nunca había sentido algo así: sabía lo que era caer en un pozo y tocar fondo, pero nunca había experimentado tocar techo.
Asegurándose que no había nadie más en la habitación, extendió sus manos con las palmas abiertas y empezó a andar sobre el techo como si estuviera haciendo el pino. Los pasos de sus manos eran torpes e inseguros, las uñas rasgaban ligeramente la madera y le producían escalofríos. Decidió mirar hacia abajo y le entró vértigo: calculaba que el suelo estaba cuatro metros más abajo. Empezó a temblar. Se imaginó la caída, el golpe seco, el grujir de su cráneo chocando contra el suelo, el dolor de sus órganos reventando en su interior y pudo visualizar la postura de su cuerpo roto en una caída poco elegante, grotesca como todas las caídas. 
El corazón le palpitaba violentamente, se tambaleó un poco, perdió altura, se zambulló en el miedo y cerró los ojos. Cayó desmayada. Pero no estaba muerta ni la caída había sido vertiginosa porque nunca había llegado al cielo en realidad: cayó del banco hasta el suelo, apenas 50 cm. y lo hizo lentamente, lipotímica y agotada, escurriéndose sobre el mármol frío com una prenda de seda. 

3 comentarios:

Amber dijo...

Original historia nos dejas, y, desde luego, con un final inesperado.

"Tocar techo", ¡cómo me ha gustado esta expresión!

Ada dijo...

Gracias, Ámber :)

claudia dijo...

asi son los sueños, cuando no pueden concretarse creemos q caemos desde muy alto hasta las profundidades, hasta que abrimos los ojos, y vemos que seguimos vivos, y que no fue tanto el golpe... a veces
me encantó

sigo sigo.. :)