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martes, 24 de enero de 2012

Dama María


- Dama María, Dama María...- el susurro le llegó suavemente desde el otro lado de los ojos. Los abrió. Ahí estaba el chico del cabello de luz.
- Hola –dijo Dama María-, qué alegría verte.
Se veían todas las semanas, los lunes por la tarde. Ella pasaba sus últimos días en el Club de la Espera; él, estudiante de enfermería a punto de finalizar los estudios, hacía una de sus prácticas trimestrales de cuidados a mayores a punto del tránsito que sobrepasaran los 130 años. Se habían cogido un gran cariño y, a menudo, el chico del cabello de luz, sobrepasaba su horario y se quedaba a su lado escuchando sus historias. En realidad se llamaba Ángel, pero a ella le gustaba llamarle “chico del cabello de luz” aunque fuera un peinado muy extendido desde hacía una década y ya no tenía nada de especial. Se repaban el pelo a cero y  se colocaban un holograma de luz, más o menos brillante según el gusto y la moda, tampoco era para tanto. Pero para ella continuaba siendo algo extraordinario porque aunque vivía en el año 2105, como todos los ancianos, hacía ya tiempo que se había quedado en otra época.
- ¿Sabes, chico?, hoy he tenido un recuerdo muy lejano. He recordado el día en que te imaginé.
- ¿Cuándo fue eso, Dama María?
- Yo tenía 37 años y me estaba duchando en casa. Con agua. No te rías. Entonces nos duchábamos con agua. Estaba sola en casa y, de repente, me dio uno de esos ataques de soledad que teníamos de vez en cuando. No te vuelvas a reir. Antes no teníamos conciencia todavía, vivíamos continuamente estresados, preocupándonos por el futuro. Como te digo, me estaba duchando, el agua caliente corría por mi espalda desde la nuca. Yo enjabonaba mis pechos. Entonces ya me parecían viejos. No te rías más. Y de repente pensé que, sin hijos, cuando todos los seres que había amado hubieran desaparecido, un día terminaría mis días en una Residencia. Ah, no me mires extrañado, antes llamábamos así a los Clubs de la Espera. Y entonces me imaginé contándole a un chico enfermero mi vida. Él (tú) me preguntaba: ¿y amó mucho? Yo le respondía “muchísimo”. ¿Y la amaron? “También. Sí, me sentí muy amada”. Pero, ¿sabes? Sin embargo me puse a llorar ese día. Corría el agua por mis mejillas rosadas. Corrían también las lágrimas...
- Dama María....-el estudiante también lloraba. Se le había apagado el pelo de luz en prevención a un cortocircuito -, no me pongas triste. Mira, me acabas de apagar el pelo.
La anciana de 131 años sonrió. Él la abrazó.
Después de todo, nunca, nunca, habría de faltar alguien que amara a aquella anciana extraordinaria. 

7 comentarios:

Daltvila dijo...

Me ha encantado este cuento de pseudociencia ficción.
Enhorabuena!
Ojalá en un futuro no muy lejano las Residencias sean verdaderos Clubs de la Espera donde los ancianos sean tratados con auténtico cariño, que gocen de su libertad, que puedan pasear libremente, cocinarse sus platos favoritos aunque precisen algo de ayuda y compartirlos con los demás, enseñarse unos a otros sus aficiones, que sean acogedoras, pequeñas, con forma de casas, no como hoteles de aeropuerto,..Claro que aún mejor sería poder estar en tu propia casa hasta el fin de tus días, recibiendo visitas de apuestos enfermeros.
Perdona, creo que me he extendido demasiado.

Un abrazo, Ada

Sbm dijo...

¡Me ha encantado!

¡Me ha encantado de verdad!

También me han encantado algunas escenas a las que has dado luz ;-)

Es el poder de la imaginación que no todo el mundo es capaz de hacerme llegar.

Mónica dijo...

Seguramente es la triste realidad, es un mirar hacia atrás pero cuando estaba en ese atrás miraba para adelante, entonces .
"comenzaba a dibujarse una línea que conectaba los distintos puntos"
Estoy viendo una peli que acaban de decir la vida hay que vivirla a tope.

el paseante dijo...

Yo soy pragmático. Ahora sé que eres del 74, que te duchas, que tienes pechos (por tanto, eres una mamífera) y que vivirás 131 años, por lo menos.

Si tienes un momentito, ¿puedes mirarme cuánto tiempo viviré yo? Más que nada por lo del plan de pensiones. Gracias.

Ada dijo...

Daltvila, ojalá...Un beso.

Sbm, imaginación no me falta :)

Monica, deberíamos, sí...

Paseante, tú eres muy listo :)

Sbm dijo...

Estamos condenados a hablar en idiomas distintos. Me refería a MI imaginación.

Un gruñido lastimero.

Sara O. Durán dijo...

Qué gran artista eres chica... Hoy me di un atracón de tus cuentos que no había podido leer. ¡Gracias!