Páginas vistas en total

domingo, 2 de octubre de 2011

Pared de corderos

Empezó a caminar sin rumbo por aquellas tierras planas y yermas. No había apenas camino ni árboles. Vio una pared hecha de corderos y se sentó a observarlos. No había pastor ni había perro. Ellos, en un extenso campo sin hierba, permanecían en fila, ordenados y quietos. De vez en cuando, alguno levantaba la vista y la miraba. Pero ahí seguían todos, en su posición estática, absurda e incomprensible, sin balar, sin apenas hacer repicar sus cencerros, sin caminar, sin tumbarse. Sintió deseos de asustarlas, de mover sus brazos y gritar hasta que ellas rompieran esa fila incomprensible, esa pared que separaba dos trozos de tierra exactamente iguales, que no pedían ni exigían fronteras. Pero se limitó a observarlos y pensar.
"Ahora eres una cordera más", se dijo a si misma. "Mírate, no te mueves, observas tu dolor con ojitos de cordero degollado y sigues amando como si nada, como si no te hubieran quitado la vida, como si el campo seco en el que vives fuera el mayor paraíso. Ni siquiera puedes odiar. No puedes hacer nada: ni entender, ni rebelarte, ni gritar, ni odiar, ni aceptar, ni empezar a caminar, ni llorar...Estás ahí, manteniendo la pared entre tú y la vida, esperando que vuelva el perro o el pastor. Vamos, cordera, corre, camina, sal!". 
Cogió una piedra y la lanzó contra el rebaño. Balaron, se asustaron, se movieron, la miraron...y poco a poco volvieron a su posición natural. No sabían hacer otra cosa.

7 comentarios:

Pitt Tristán dijo...

No hay que parecerse a los corderos. Somos hombres y mujeres que merecemos algo más que ser una pared.

Yo dijo...

Cogió una piedra y la lanzó contra el rebaño. Ese parece ser un punto de esperanza, de nuevo movimiento; un despertar a tiempo...
Aún te quedan oportunidades para cambiar lo que no deseas, Ada.

Gracias por pasarte.

Un abrazo.

rombo dijo...

Somos un cordero más... Hagamos lo que hagamos.

Ada dijo...

Lo sé, Pitt, pero a menudo lo somos.

Yo, ojalá...

Rombo, estoy muy de acuerdo contigo.

Mónica dijo...

Su lentitud es digna de admirar

el paseante dijo...

Quizás eran lobos con pieles de borreguitos, esperando el momento del ataque. Y tú allí mirándolos. Incauta.

Ada dijo...

Mónica, y tanto!!

Paseante, aich, además de ingenua, incauta! ¿cómo no se me había ocurrido?