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martes, 8 de noviembre de 2011

Vacas flacas


Comía poco desde hacía un tiempo. Se limitaba a lamer durezas como si fuera fácil extraer algo tierno de lo rígido, como si fuera fácil sacar agua de una piedra o un tronco seco. Se alimentaba de aromas, de hecho. Y de todo lo que tenía guardado en el recuerdo. 
Era un tiempo de vacas flacas... y las únicas bocas donde entraba eran las del metro, y los únicos cuellos que rozaba eran los altos de los jerseis de lana, y los únicos muslos que mordía eran los de pollo y el único refugio que tenía era su hogar cálido y aquellos recuerdos temblorosos de alientos húmedos en los oídos y roces suaves en la nuca y en los labios. 
Era un tiempo de vacas flacas y ahora sabía que el deseo y el goce, sorprendentemente, tenían huesos.

7 comentarios:

Mónica dijo...

suaves roces...

Sbm dijo...

Siento no tener más palabras que decir que "qué bonito". Pero...

¡QUÉ BONITO!

Un beso.

el paseante dijo...

Lo malo es que esa enfermedad sentimental se transmite a los humanos. Por eso, hace siglos que no tomo carne de vaca flaca.

rombo dijo...

Un poco triste el pensamiento...Pero nada puede ir a peor. La cosa solo debería mejorar...

Ana Pepinillo dijo...

Jajajajja madre mía, que díitas llevamos las bloggeras no?

un besito, pero... todo va y viene. Que espere un poco.

Ada dijo...

Monica, suaves roces, sí...:)

Sbm, gracias gracias :)

Paseante, la abstinencia nunca es la solución

Rombo, un poco triste y un poco flaco...

Ana, :) :)

Miguel Bueno dijo...

Si, es cierto, cada día la vaca está un poco más flaca, ¿cuando, en verdad, acabará esta racha?
Besos
Piedra