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martes, 15 de noviembre de 2011

En las nubes

Le pasaba que, a menudo, no distinguía el cielo de la tierra. "Siempre estás en las nubes" era la letanía con la que creció, con alguna variante como "tantos pájaros en la cabeza". Lo cierto era que podía ver las nubes a su alrededor, para ella no era ninguna vergüenza, más bien, un don. Cuando las calles estaban mojadas y todo el mundo se quejaba por la lluvia, ella disfrutaba viendo las nubes reflejadas. Cuando un cristal caía al suelo y se hacía añicos, ella disfrutaba viendo las nubes multiplicadas. Cuando los pozos se abrían, ella disfrutaba viendo que contenían un poco de cielo. Cuando los enamorados brindaban en los jardines de verano, ella disfrutaba viendo el cielo dentro de sus copas.
Sin embargo un día fue consciente de una verdad evidente, pero hasta entonces olvidada: el mérito de que las nubes se reflejaran sobre los líquidos era exclusivamente del sol que los alumbraba. Sin sol no había reflejo, no había nada. "Tan a menudo -pensó- que culpamos o ensalzamos estando equivocados...Somos el sol, nosotros, sólo nosotros alumbramos, nosotros, sólo nosotros podemos poner los cielos en nuestras vidas acuáticas"

7 comentarios:

David C. dijo...

gran reflexión de ella.

Mónica dijo...

Si por el sol.
El heliocentrismo.

Mónica dijo...

No deberías estar triste ada, tú también eres sol, tu lo has dicho nosotros ( con lo cual allí estás tu también)

Sbm dijo...

La manera de distinguir perfectamente el cielo reflejado en un charco, del cielo en sí, es tirar una piedra al aire; nunca romperá el cielo, pero hará añicos su retrato. Curioso y cruel: destruir lo bello a base de pedradas. Está tan de moda...

Bonito, como siempre.

Un beso, Ada.

Pais secret dijo...

M´encanta la poètica dels núvols, tu l´has reflexat en l´aigua de les paraules.

M´has fet pensar en una persona que conec, posa tant d´afany en retratar els reflexes dels objectes en aigües, miralls, vidres...que s´oblida a vegades de quina és la realitat que els fa possibles.

Ada dijo...

David C. gracias y bienvenido.

Monica, sol, no estoy triste :)

Sbm, cuánta razón tienes, pero a veces es suficiente una suave brisa para destruir reflejos.

País, creo que eso nos pasa a todos en un momento dado, sí.

el paseante dijo...

Y si sopla un poco de viento que mueva ligeramente las aguas, el reflejo se convierte en un cuadro impresionista.