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miércoles, 9 de noviembre de 2011

El deseo



El deseo, táctil -como tu piel cálida-, vivo -como la risa o el llanto-, revivido -como siempre-, aromático -como la lluvia en la tierra-, concentrado -como el mejor perfume-, lleno -como mis curvas-,...pero ¿sabes? el deseo no es tan importante: mi pretensión es que me ames y, si puede ser, amarte.  mi pretensión es amarte y que me ames y, si puede ser, amarme.

martes, 8 de noviembre de 2011

Vacas flacas


Comía poco desde hacía un tiempo. Se limitaba a lamer durezas como si fuera fácil extraer algo tierno de lo rígido, como si fuera fácil sacar agua de una piedra o un tronco seco. Se alimentaba de aromas, de hecho. Y de todo lo que tenía guardado en el recuerdo. 
Era un tiempo de vacas flacas... y las únicas bocas donde entraba eran las del metro, y los únicos cuellos que rozaba eran los altos de los jerseis de lana, y los únicos muslos que mordía eran los de pollo y el único refugio que tenía era su hogar cálido y aquellos recuerdos temblorosos de alientos húmedos en los oídos y roces suaves en la nuca y en los labios. 
Era un tiempo de vacas flacas y ahora sabía que el deseo y el goce, sorprendentemente, tenían huesos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Refugio

 Refugio...
fuera, sigue lloviendo.

Soledad




Cuando era adolescente me visitó la Soledad en apariencia humana. Tenía un aspecto moderno, con su pelo corto teñido de color cereza y sus gafitas redondas de cristales amarillos, reviviendo a John Lennon. Hablaba poco, pero cuando lo hacía su voz era desagradable, estridente y aguda como el gozne mohoso de una ventana. Curiosamente siempre iba de la mano de una tal Esperanza, las dos juntitas de aquí para allá. La odiaba, lo confieso. Era muy pesada, no acompañaba nada y me dejaba una sensación de vacío insoportable.
Ahora ha vuelto a visitarme, pero ya no es la misma. Ha envejecido bastante, pero el paso del tiempo le ha sentado bien. Se la ve una mujer elegante, tranquila y discreta. Su aspecto es sobrio, su pelo recogido. Todavía habla menos y cuando lo hace sus monosílabos son cálidos y acompañan. Perdió a la amiga por el camino, pero lo cierto es que su presencia no me incomoda, incluso me atrevería a decir que a veces me hace compañía. Lo envuelve todo de un cálido silencio, de una quietud mística, de una paz serena...Es gracioso, pero cuando me visita y se marcha, entra y sale al ritmo de la canción de Drexler. Ahora la oigo...no sé si va o viene.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El zoo

Era un zoo en si mismo. Todo lo que tenía de humano, lo tenía de animal. Sí, en idéntica proporción. Así lo había creído siempre y los pasos que había ido dando en la vida, se lo habían ido confirmando. 
- ¿Y tú cómo eres? -le preguntó ella tímidamente mientras acariciaba sus dedos largos.
- Yo, -respondió- soy lento y pacífico como una tortuga, y muy viejo por dentro. Yo, me escondo como el caracol cuando tengo miedo y me escapo de vez en cuando por los tejados como un gato pardo, callejero y soñador, tienes que saberlo. Yo, podría recorrer tu cuerpo como un gusano, arrastrándome y buscando calor o ser un pez ligero acariciando tu interior. Yo soy un cordero si me amas y una cabra loca en los cambios de estación. Yo soy caballo salvaje si hieres mi orgullo y ave cuando escribo. Entonces vuelo lejos. Pretendo cada día convertirme en cisne bello. Pero a veces soy muy burro, mucho. Yo, ya soy perro viejo...y si tú quieres, lobo feroz.
Ella rápidamente le soltó la mano:
- No me gustan los animales -contestó y se alejó de su lado moviendo su trasero de vaca, su cuello erguido de jirafa y su pelo estirado en una cola de caballo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Mi poncho verde



Me compré un poncho de segunda mano por 50 céntimos. No sé quien lo llevó antes y esa incerteza, que antes me hubiera frenado, ahora me gusta. Lo lavé bien, por supuesto, y ya se ha convertido en mío. Tiene un color verde que jamás llevaría por la calle, pero va de perlas con el color de mi hogar interior, no sé si me explico, esos verdes urgentes, que te envuelven en musgo, que te llaman a tener esperanza y combinan perfectamente con el blanco roto que todavía conservo, con el gris perla que sube por los rincones, con el rojo explosivo que se me cuela desde el alma a la primera de cambio.
Mi poncho verde tiene agujeros, no de viejo, sino de esencia, es decir, está hecho así, para que corra el aire un poco, siempre es necesario, o para que se vea lo de abajo, más que vea, vislumbre o adivine.
Después de saludar a mi PaCo (desde hoy ese será el nombre de mi PC) con una ligera caricia de mi dedo corazón en el suyo, que hace que se encienda y me dé la bienvenida con una musiquita alegre, lo primero que hago es ponerme mi poncho. Hoy sigue lloviendo y yo me he sentado, envuelta en verde, junto a la ventana de la terraza a ver  caer esas lágrimas que esta mañana son tenues, pequeños hilillos apenas mojados, minúsculos agujeros en el aire, como los de mi poncho verde. Escribiré un poco y luego haré esas cosas cotidianas que no me permitan llevar el poncho: diversas limpiezas, diversos recados. Y por la tarde, cuando de nuevo mi hogar ahora vacío, me acoja, mi PaCo, mi poncho y yo volveremos a asomarnos a la ventana.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Mon amour



El día que te conocí algo cambió en mi interior. Sí, no es una frase hecha: hubo una reprogramación de circuitos y prioridades, una modificación de hábitos y deseos. Paulatina, claro, como todas las transformaciones verdaderas. 
Al principio no te necesitaba. Te visitaba de vez en cuando y me dejaba sorprender por tu ingenio, por tu chistera metafórica repleta de trucos y magias. Pero poco a poco, el deseo de estar contigo fue creciendo. Creo que me convertí en adicta antes de amarte. Me encantaba pasear a tu lado por lugares que tú me mostrabas por primera vez, siempre condescendiente, sin una queja. Me gustaba que me enseñaras a cocinar nuevos platos, me gustaba la música que me descubrías, las fotos, los libros.
Te amé profundamente cuando entendí que eras un pozo de sabiduría y que eras para mí. Lo agradecí tanto...
No recuerdo cuándo sucedió, pero un día me encontré desayunando a tu lado. Hasta entonces nos habíamos limitado a encontrarnos algunas tardes o mañanas. A partir de entonces fue imposible separarnos. Yo recorría tu cuerpo con mis dedos ávidos y sé que te pedía mucho, toda la entrega. Alguna vez estuviste enfermo, pero sé agradecerte tu dedicación casi completa. Reconozco también que eres un poco cabeza cuadrada. Literalmente. Pero es que no puede ser de otra manera cuando eres una ventana a la vida. 
Sabes que te quiero, ¿verdad?. Mon amour, mi PC, gracias por facilitarme el trabajo, aliviarme la soledad, hacerme más sabia, potenciar mi creatividad, conectarme con más vida, compartir mi dentro, mi fuera y todos mis cuentos chinos.