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domingo, 19 de febrero de 2012

A veces duermo con los ojos abiertos

A veces duermo con los ojos abiertos. No sé si es algo extraordinario o le pasa a todo el mundo. Pero de repente me veo en lugares a los que no recuerdo haber ido u observando cosas que no miraría. Me recuesto sobre lirios o flores de lis y duermo con los ojos abiertos. 
Es un estado que te permite observar las cosas que normalmente no se ven: ese crecer imperceptible de las uñas, el sonido que hacen los muebles cuando respiran -ese crujido, ¿sabéis?-, los latidos de tu corazón aunque suenen a muchos kilómetros, la tierra aspirando aire, en una bocanada desesperada y agonizante por seguir rotando. No me pasa a menudo, sólo a veces, pero eso me aleja de lo material, de las personas cotidianas que hablan sobre lo que ven por la tele, sobre las prendas que se han comprado, sobre la superficie de las cosas, y me instala en la soledad. Esa soledad tan íntima, tan personal, que dificilmente se distingue de nuestro rostro reconocido en el espejo. Habitualmente las personas que amo son las que me rescatan de la soledad, me pescan de los abismos hondos y poco iluminados con algún cebo interesante, no siempre el mismo: unas risas, un dolor, un aprendizaje, una imagen, un poema, una profundidad. Y entonces es cuando...
puedo recoger. Sí, a veces recojo lo que se puede recoger, hago cosecha, vamos, todo aquello que ha madurado a mi alrededor mientras dormía con los ojos abiertos.
Sigo amándote. Nada cambia. Estoy loca.

sábado, 18 de febrero de 2012

Sabor salado




Aquel parecía ser el momento más importante de su vida aunque en ese instante no fuera consciente. Todo a su alrededor se ralentizó, y la propia escena pasó a desarrollarse en cámara lenta o, al menos, así lo recordaba ahora: podía ver el techo blanco infestado de mosquitos, podía escuchar las gaviotas graznar mientras les observaban en el alfeizar de la ventana, espectantes y agoreras, superponiéndose a los acordes de Vinicius cantando a la tristeza. Podía sentir el sabor salado de sus lágrimas mientras el amor jugaba por primera vez a convertirse en planeta por el que orbitar. 
Sí, ese fue el momento más importante de su vida, el momento en que le conoció. También lo fueron, meses atrás, los días en que pensaba morir, enferma en esa cama de hospital, aséptica y calurosa. Pero éste lo era más porque era la respuesta a sus súplicas internas, a sus ganas de continuar viva, de nacer por fin. Y porque iba a ser el catalizador de una verdadera transformación interna, un peregrinar durante años intentando ser mejor persona. Y siempre gracias a él. Y a su propia voluntad, claro.
Así lo recordaba ahora, después de cenar, sentados los dos en el sofá, abrazados, con nueve velas encendidas en el salón y la lámpara apagada, mirándose la punta de las zapatillas de estar por casa en sus pies entrelazados.
- ¿Dónde quieres que viajemos en Semana Santa?
- No tenemos dinero.
- Veremos...tú dime dónde...
Pensó durante unos instantes. Había tantos lugares para visitar...
- El otro día vi un reportaje sobre Croacia y me sorprendió gratamente
Él arrugó la nariz.
- Pero tú sabes que siempre he querido conocer Italia, La Toscana principalmente. Oye, ¿recogemos?


Habían cenado espléndidamente. Aquella noche era una celebración. Sólo se veían unos días al mes, durísimo y bello al mismo tiempo.
Habían picado en el primer plato, un festival de pequeños platos: escalivada, queso, hummus, pepino con aceite y eneldo, tomate con albahaca, tortilla de patatas. El pastel de carne del segundo plato con su guarnición de manzana al horno y/o mermelada de tomate, terminó sobrando porque no estaban acostumbrados a cenar tan fuerte y porque no podía dejar de tomarse el postre, esa tarta helada de chocolate con chocolate caliente por encima. Había sido una cena espectacular, poca cantidad, pero exquisitos sabores. Ahora bebían vodka.
- ¿O recogemos mañana?
- Mañana trabajo...ah, me encanta mi trabajo, pero a veces pienso que sería feliz sin trabajar si no me faltara el dinero, sólo escribiendo, ¿te imaginas?
- Pero entonces te faltaría material para escribir –dijo él.
- Cierto, sin vida es difícil poder recrear otras vidas. ¿Oye, tú te acuerdas cuándo reíste la última vez?
Soltó una sonora carcajada, forzada e histriónica:
- ¿Bromeas?


Él reía a menudo, casi tanto como respiraba. ¿Pero, y ella? Tuvo que esforzarse por recordar...una risa verdadera, sana, masajeante, vitalizante, ¿cuándo? Y con esa pregunta en la cabeza, ligeramente mareada por el vodka, empezaron a recoger la mesa, como la pareja feliz y tranquila que habían sido antaño, antes de la catástrofe natural artificial que estaban viviendo los últimos años y que tanto les costaba soportar a veces.


*Este cuento chino (o no) es para *L*, en agradecimiento a su regalo

viernes, 17 de febrero de 2012

miércoles, 15 de febrero de 2012

martes, 14 de febrero de 2012

Amor...


No te rindas - (De Mario Benedetti)


No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.

                                     Porque no estás solo, porque yo te quiero.

lunes, 13 de febrero de 2012

No es lo que tienes, sino lo que haces con ello


¿Un lunar en la mejilla, una estrella a la que adorar, como si fuera un pequeño Dios, un agujero negro con energía suficiente para atraer labios sedientos seguros de probar la mejor miel o un lunar en la mejilla, pequeño bosque, pequeña tara, mancha que hay que tapar?


¿Una silla de Le Corbusier, donde dejarse mesar los cabellos, mientras la luz del sol entra por un ventanal 4x4 y se escucha el "Lascia chió panga" estremecedor, suave, trepando por los pliegues del oído y cayendo al pozo del ser o una silla de Le Corbusier expuesta en el salón de las visitas, prohibido sentarse, prohibido tocar, permitido anunciar continuamente que es de Le Corbusier y se compró en París?


¿Una bola de nieve para jugar, reír, recrear el corazón o una bola de nieve fría helando las plantas?


¿Lápices para inventar historias, crear emociones, reflexionar en voz alta, vaciarse de las palabras o lápices para fabricar débiles torres?

No es lo que tienes, sino lo que haces con ello.

domingo, 12 de febrero de 2012

El lagarto está llorando

Todo el mundo sabe que las lágrimas de cocodrilo son engañosas. Sin embargo, un lagarto que llora es algo extraordinario y muy a tener en cuenta, tanto como los elefantes que sueñan con la música, que también los hay. 
Mi lagarto sale de noche a pasear por la terraza y cuando ve la luna, lágrimas perladas caen de sus ojos membranosos y me dejan un caminillo de rastros que no van a ninguna parte. Con un ojo me mira, con el otro mira la luna y con ambos llora lágrimas perladas del tamaño del confetti. Después se enfada ante su propia sensibilidad y desaparece detrás del jazmín hasta la próxima luna llena. 
No sé qué hacer con mi lagarto. Si le pregunto, disimula, sonriendo de lado, como haría un John Wayne cualquiera. Si le confieso mi interés, escapa arrastrando su cuerpo azul como si fuera una estrella fugaz. Si le ignoro, llora mirando la luna. Así, mes a mes. ¿qué hago con mi lagarto llorón?